No son las palabras


 

No son las palabras. Quizás debería empezar por ahí.

Es la piedra en el camino que al admirarla no me deja ver el horizonte.

Mi familia es como la piedra que está como obstáculo entre mis sueños y yo.

Y hace varios años que vengo quejándome de la piedra.

Esa piedra me hace débil y muestra mis esfuerzos erróneos por levantarla y correrla del camino.

La piedra está y va a estar siempre.

Eso no lo puedo cambiar.

Mi vida se hace mas simple si veo mas allá de esa piedra.

Por que en definitiva de esa piedra me impulsaré para fluir en las nuevas corrientes que la vida me prepare.

En esas corrientes yo me dejaré llevar.

Y la piedra entonces se hace un aprendizaje.

Para parar y así estar mas lista para seguir adelante.

No son las piedras.

Quizás sean las palabras que están atravesando este ensayo.

 

El encanto de volar


08-28-lan01.jpg_88717827

Nervios, inseguridades y la misma lista que se repite en mi cabeza.

Pasaporte, plata, ropa, libros, compu, celular y cuadernos para escribir.

¿Quién dijo que viajar fuera fácil?

Mis días se basan en ansiedades, horas de trabajo, orden y el repaso de la lista de cosas que me quedan por hacer.

Nunca hice esto antes.

¿Cómo se es pareja de alguien cuando nunca se fue pareja de nadie? ¿Cómo es vivir con alguien? ¿Cómo es viajar en avión solo? ¿Cómo es volver a empezar? ¿Y si es en otro país?

Lo escencial demora.

Hacer el currículum, seguir con mi novela, escribir un poco mas todos los días, tocar la guitarra. Èl y Madrid.

Lo escencial quizás esté allá. Donde el avión conecte las distancias del amor. Donde mi mente se halle mas despejada. Cuando arribar resulte ser un respiro. Un decir quiero cambiar, un decir esto me gusta, un decir realmente estoy donde quiero estar.

En Buenos Aires estoy de trance. Y la verdad debo admitir que me incomodan las charlas con él por Skype. Detesto el amor a distancia. Detesto dormir las noches sola. Detesto pensar que mi vida va a cambiar por que he decidido que es lo mejor para mí. Y entender que detrás de estos marrones y cautivadores ojos penetrantes, míos, habita una persona que lucha por lo que cree que es mejor para ella.

Cuando me mudé por primera vez sentí este envión que estoy volviendo a sentir. Ese motor de decir no me importa, se lo que estoy haciendo, esa certeza invisible que aclara toda duda.

Vengo rodeándome de personas que no hacen mas que aconsejarme, pero ya estoy harta de consejos, lo que externo me asusta. Creo que dejé de confiar en mis guía interior.

¿Porqué el?

Quiero llegar a Madrid y que estos pensamientos se acaben.

Madrid llegá pronto. O yo, iré por tí!

Suiza y mi ansiedad.


1780921_10152192146680900_417414054_n

Me voy a vivir a Suiza. 

Me escucho a mi misma y todavía, a pocas semanas de irme me cuesta creerlo. En definitiva, irme a vivir a otro país es algo que siempre quise hacer, y sí Tere lo estás logrando! Pero la ansiedad a veces es un factor que en este momento me está costando controlar.

Pocas horas de sueño, muchas horas de sueño. Cansancio, ganas de hacer de todo. Antojos de dulce, ganas de volver a las frutas y a los vegetales. Ganas de tomar café para relajarme, momentos donde el café me acelera. Amo la ciudad, odio la ciudad.

Me recomendaron que me deje de comer las uñas, que me tome un te de manzanilla y que medite.

No pude.

Es una dualidad esto de mudarse otro lado. Porque si bien se que allá voy a estar mas tranquila, todo cambio implica siempre un movimiento.

Ocupo mi tiempo en el trabajo, en armar la valija, en aprender un poco de italiano (porque el es italiano) y algo de alemán. También hago cuadernos para vender y así tener nuevos ingresos, me despido de amigos y preparo mi curriculum para el gran continente. Aunque por momentos, haciendo tantas cosas creo que igual la ansiedad no se va tan fácilmente.

A veces pienso que el amor da calma. Pero es difícil cuando vas a acurrucarte en la cama con tu madre para sentir algo de afecto y se enoja porque la despertaste y no pudo seguir durmiendo. Extraño a Pocho, el gato que cuidaba. Se acurrucaba entre mis piernas mientras dormía y me daba un poco de calor.

Con él va a ser todo distinto. Y eso quiero. Algo distinto. Algo que le de sentido a esta vida que en Buenos Aires ya no quiero vivir.

Despertarme con alguien, con alguien que me de calor humano, que me haga sentir bien, que me de amor ilimitado, que me quiera y me acepte como soy. Porque el me quiere así. Y yo así a él.

Me voy a vivir a Suiza por que el vive allá y porque con el quiero estar.

Me voy a vivir a Suiza, es todo. Nada más.

Subtes y cafés


Estoy histérica y molesta con el mundo.

Me haría bien una guitarra para hacer catarsis de todos los problemas que se me cruzan por mi cabeza. Es ella la causante de todo este caos. Ella me habla y le habla al mundo. Yo vivo entre esas voces. Porque el mundo también habla. Y me habla. Como mi mente que ya se aburrió del mundo.

Los días pasan. Subtes y cafés.

Nadar cuando no necesito pensar, y así escapar de la realidad complicada que yo misma me armo.

Soy ariana, y algunas veces acelerada.

Me encanta la estructura, pero en extremo me lleva al vacío. Entonces odio, porque quiero que me amen.

Buenos Aires

¿Cómo llenarme de vos?

Ciclos


Escribo porque se que no vas a leerme y te espero, porque se que no vas a llegar. Espero y desespero y después me resigno a aceptar.

Que estás. y no te vas.

Tensión se va, y está.

Sos otro.

Soy otra.

También.

¿Quizás?

Son ciclos,

roles

o impulsos marcados.

La luna, que es nuestra,

el agua,

tu forma de hablar.

Y tiemblo.

Lo nuevo me asusta,

el miedo termina,

y vuelve a empezar.

De puta madre!


Ojalá pudiera decir todo lo que tengo para decir. Ojalá esta entrada pudiera tener el final que yo quiero. Ojalá, ojalá, ojalá.

Vengo de días de abandono total a mi almohada. Me escapo, huyo, pero siempre al final, vuelvo a ella.

Mi almohada, en este momento, sería el fiel reflejo de mí.

Se puede decir que encontré otro lugar para estar con ella. Y no es precisamente mi casa.

Cambiarla de espacio va a ser un desafío para mí y para ella.

Cambiar, cambios.

Mi sensibilidad en este momento se parece al péndulo de esos viejos relojes que se destacan en los vestíbulos de grandes e históricos de la capital. Viene… y va…

Mi almohada, decía. Me extraña, me necesita. Mi relación con ella vendría a ser como yo y mi inconsciente. Es mi soporte, mi escucha y me recuerda que siempre, tengo que descansar.

Antes pensaba que realmente se podía vivir acelerada, que podía arreglármelas sola en esta era de tanta velocidad. Y honestamente me doy cuenta que no puedo ser veloz, y dármela de autosuficiente. Que también tengo mis tiempos, y a veces necesito sentarme a pensar.

Últimamente vengo viviendo experiencias muy gratificantes, pero veloces, que se esfuman y pasan de largo. Quizás haber tomado a mi pasado como referente no sea haya sido la mejor opción.

Vivo repitiendo que tengo un ángel que me guía. Y es así.

Este ángel, me dice lo que no quiero escuchar. Me advierte del peligro, me ubica, me ayuda a centrarme. A ser mas objetiva con el momento que estoy viviendo. A estar mejor conmigo misma.

Pero también hay demonios, que desorientan. Son los que dicen lo que quiero escuchar. Y de ellos hay que tener mucho cuidado. Porque no siempre aciertan. Y en la mayoría de las veces actúan en su propio beneficio.

La impulsibilidad de ser ariana y sumando mi impaciencia, serán factores que tendré que ver como llevar. La vida es un aprendizaje.

Disfrutar de este momento, mí momento. Y para lograr eso voy a tener que despejarme de  algunas cosas y así tener el panorama mas amplio de mi vida. Tener una amplia visión de todo lo que me está pasando y actuar en consecuencia de ello.

Y como dice una amiga. Vivir DE PUTA MADRE!

Todavía no me acostumbro a mí.


Es una búsqueda constante la de sincronizarme con el presente y desprenderme de todo lo que me impide conectarme con el.

De tomar conciencia de que en este momento estoy escribiendo esta entrada, cuando podría estar pensando en que hacer con los 15 minutos que me quedan antes de ir a trabajar.

Al fin y al cabo uno es dueño de su destino, y la vida es en una infinita ola de decisiones, donde  algunas veces algunas se pasan de largo.

El mundo y yo.

Expresar lo inexpresable cabe dentro de un canasto de ideas que todavía trato de usar como pistas para comprender mejor la vida.

Y es inevitable confirmarme también que todo está en constante cambio. Personas, tiempos, espacios. Adaptarme y fluir dentro de este todo es uno de los desafíos que me toca hacer. Por que si no estoy viva, vivir se convertiría en una letanía de creer que el exterior es el causante de todos mis males.

Y ya no puedo cambiar el exterior. Hoy sólo puedo cambiarme a mí.

Porque la vida ya está mutando conmigo, y resignarme a vivir sería como una mentira, porque por algún motivo estoy acá, y no hay mayor bendición que poder entregarme a lo desconocido. Que eso me movilice y me transforme. Cambie nuevamente la concepción que establezco del mundo. Que en realidad es errónea, porque no existe tal concepción.

La vida es, la vida me es.

La vida es aquí, y también es ahora.

Espacio mental


Todos los días pasa lo mismo.

Llego a casa y me bloqueo.

Mi espacio mental se contamina de estructuras propias de mi casa que no me dejan ser.

Pienso que debería haberme quedado en el café cerca del laburo a hacer un poco de estiramiento mental y así poder seguir con mis escritos.

Lo re afirmo. Debería haberme quedado.

Al menos salir a pedalear después de llegar a casa, en esta noche despejada después de la lluvia no estuvo tan mal.

Ya cuando esté viviendo sola las cosas no van a ser igual. Y eso es bueno, voy a conocerme aún mas.

Mientras tanto en casa, disfruto, de esas cosas que se que no van a cambiar.

Todo llega, relax!


Me dijeron por ahí que cuando me relaje todo va a llegar. Tiene algo de parecido la otra frase que dice, la vida es lo que pasa mientras estás haciendo otras cosas.

Vengo de meses y meses tratando de buscar la claridad, como diría Elizabeth Morris. Nadar me ayuda a eso. ¿Será la transparencia del agua lo que me ayuda a focalizarme? Romper mis propios límites mentales y físicos. Escaparle al no puedo cuando el profesor me exige que haga mas piletas. Relajarme, salir como sacudida, en un estado de paz y tranquilidad.

Y cada vez que voy a la pileta eso me pasa, noto mas la diferencia de la vez anterior que fui a nadar. Cada vez nado mejor, fluyo mas, me concentro en mi cuerpo, en mi mente, y por sobre todo en mí. Quizás tenga algún pajarito que me dice los problemas que me aquejo, digamos que soy una persona que tiene algún que otro conflicto, y aprovecho para descargarme, para sacarme de encima esas preocupaciones para permitirme disfrutar mas el agua. Avanzar, tomar conciencia del ahora, pensar en positivo, dedicarme a mí. Pulirme. Conectarme conmigo misma.

Natación me está dando eso que en repetitivos momentos varias personas me dijeron ” ¡Tere, estás muy ansiosa, relax, tranqui, viví el día a día, DISFRUTÁ!”

No entendía que se podía vivir sin pensar tanto, que se podía realmente disfrutar del afuera.

Vine de muchos años de vivir en mis adentros, pero ya no más.

Y ahora estoy en eso, en darme el gusto de elegir relajarme, disfrutar y ser feliz.