Travelling Tere


Love

45 minutos me quedan para entrar a trabajar y uso el café de la esquina como oficina para cronicar mis inquietudes respecto al mundo.

Suiza, wow.

Madrid en tres meses. Quién lo hubiera pensado. Yo, que me cago de miedo con solo pensar en que voy a subirme a un avión, agarraré maletas e iré a experimentar próximamente la gran renombrada Europa.

Trabajar en un Hotel (iba a decir en Europa) tiene sus cosas buenas.

No se porque la clase media y mas que nada la alta, remiten a Europa como la gran perfección. Bueno, está bien. En Buenos Aires, o en Argentina, vivimos pateando en el medio del la devalución, de los índices de pobreza, de la lucha del oficialismo contra la oposicón, Evita, Perón  y los che pibes. Está bien. Europa, si nos comparamos un cachito, sí, para nosotros aspira a la perfección.

Pero nose. Tere, es un poco crítica y cuando no tiene ganas de mostrar la belleza al mundo prefiere ponerse en el papel de -lo se todo- porque sí, soy perceptiva y a veces odio que la gente viva en una nube de burbujas creyendo que esta -tudu bem- y no. O sea, también me gusta mostrar la otra cara de la milanesa, bueno, o el lado oscuro de la luna. Seguro que estarás pensando en Pink Floyd no?

La cosa es así. Los europeos no son tan perfectos y millonarios como creemos.

Si bien no hay que generalizar, porque nuestra educación nos ha enseñado a hacerlo. Hoy con la globalización y el auge de las grandes ciudades hay un poco de todo, distribuido en distintas partes.

-no son todos millonarios-

¿Y el deseo de nuestras madres a dónde irá entonces? Cásate con un Europeo y así no trabajarás más. En sus cabeza, imagino.

La realidad es que él no es perfecto, ni tampoco millonario. ¿Será que entonces el amor es mas fuerte como dice la canción? Quizás.

Vivimos en una sociedad donde el dinero se pone por encima de todo.

Trabajar, tener un título, tener una casa, tener un puesto importante en una empresa, casarse tener hijos y -Voilá-. Nuestra programada felicidad frente a nosotros!

A mí siempre me costó seguir ese modelo. Quizás porque en algún momento me replantíe esa estructura y descubrí  que, siguiendo con el programa, esa realidad se me hacía insostenible. Y que realmente la felicidad, sólo se trataba de una promesa.

¿Y entonces? Entonces decidí cambiar la forma de ver las cosas y así fue que empecé a reírme de lo absurdo funciona el mundo.

Por eso me atrevo a buscar lo imposible, lo que hoy no esta valuado, porque quizás allí es donde resida la felicidad.

Y a mis queridas habitantes de latinoamérica lamento desalentar el sueño Europeo. Pero, que los europeos enamoran, que no quepa la menor duda…