La vida como una máscara


En el hostel la gente viene y la gente se va. Es difícil describir esta sensación.

Vínculos que parecen ser profundos, vínculos que se quedan no se donde guardados. ¿Simpatía o calidez realmente humana?

Esta semana me vi a mi misma reflejada en un pasajero.

Un chico que venía del interior,  al parecer para quedarse en Buenos Aires y reconstruir su vida, pero que por algunas cuestiones decidió que era momento para volver a su ciudad y dejar el cambio para otro momento.

Me recordé a mi misma viajando sola a Montevideo. Intentando buscarme, sintiendo esa mezcla de soledad y libertad. Rodeada de su bella gente y acompañada por sus turistas.

Me enamoré de el a primera vista, me perdí en su soledad y fui la tonta minita que puso expectativas en alguien que al final no resultó  como esperaba.

Fue un ariano que me reflejó algunas cosas de mí. Cosas de alguna Tere que alguna vez fue, cosas de alguna Tere que es. Cosas de una Tere que no va a ser.

Salir con el fue un cambio.

Fue descubrir que puedo divertirme y pasarla bien. Cosa que hasta antes no hacía.
Que no tengo que ser siempre profunda con toda la gente. Porque a veces, tanta profundidad con determinadas personas, asfixia. Y que también se puede ser superficial sin dejar de ser uno mismo.

El, me asfixiaba.

El me asfixiaba porque estaba solo, y necesitaba contención. Creo que yo podía darle eso, y también creo, que conmigo podía ser el mismo. Y es difícil ser uno mismo en una gran ciudad. Porque en Buenos Aires uno puede hacer de cuenta de lo que quiere ser. Buenos Aires está llena de máscaras.

Pero las máscaras están hechas para los que buscan mostrarse como son. Para los que buscan el arte como un camino, como una forma de descubrirse. Y no como una imagen, que puede ser linda a simple vista, pero después rebota porque no llena su contenido.

Por eso a vos, sí vuelvo a elegirte. Porque con o sin tu máscara, no dejás de ser vos. Y eso me gusta.