Suiza y mi ansiedad.


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Me voy a vivir a Suiza. 

Me escucho a mi misma y todavía, a pocas semanas de irme me cuesta creerlo. En definitiva, irme a vivir a otro país es algo que siempre quise hacer, y sí Tere lo estás logrando! Pero la ansiedad a veces es un factor que en este momento me está costando controlar.

Pocas horas de sueño, muchas horas de sueño. Cansancio, ganas de hacer de todo. Antojos de dulce, ganas de volver a las frutas y a los vegetales. Ganas de tomar café para relajarme, momentos donde el café me acelera. Amo la ciudad, odio la ciudad.

Me recomendaron que me deje de comer las uñas, que me tome un te de manzanilla y que medite.

No pude.

Es una dualidad esto de mudarse otro lado. Porque si bien se que allá voy a estar mas tranquila, todo cambio implica siempre un movimiento.

Ocupo mi tiempo en el trabajo, en armar la valija, en aprender un poco de italiano (porque el es italiano) y algo de alemán. También hago cuadernos para vender y así tener nuevos ingresos, me despido de amigos y preparo mi curriculum para el gran continente. Aunque por momentos, haciendo tantas cosas creo que igual la ansiedad no se va tan fácilmente.

A veces pienso que el amor da calma. Pero es difícil cuando vas a acurrucarte en la cama con tu madre para sentir algo de afecto y se enoja porque la despertaste y no pudo seguir durmiendo. Extraño a Pocho, el gato que cuidaba. Se acurrucaba entre mis piernas mientras dormía y me daba un poco de calor.

Con él va a ser todo distinto. Y eso quiero. Algo distinto. Algo que le de sentido a esta vida que en Buenos Aires ya no quiero vivir.

Despertarme con alguien, con alguien que me de calor humano, que me haga sentir bien, que me de amor ilimitado, que me quiera y me acepte como soy. Porque el me quiere así. Y yo así a él.

Me voy a vivir a Suiza por que el vive allá y porque con el quiero estar.

Me voy a vivir a Suiza, es todo. Nada más.

Música mi casa.


-I haven’t ever really found a place that I call home- dice las primeras líneas de la canción.

Cuando era chica me sentaba en el marco de la ventana, de noche y miraba el cielo. Ponía música que me hacía sentir libre.

Extraño esas noches.

Es difícil de entenderlo o de explicarlo, pero hablando de libertad, siento que en casa nunca pude sentirme libre. Nunca pude decir que en casa estaba mi lugar. Quizás no esté ahí adentro, no lo se.

En estos últimos días me doy cuenta muchas cosas. Me acuerdo de momentos siendo yo misma y feliz. Siento que en mi casa nunca pude ser yo misma. Y eso me pesa, porque se que es algo que voy a tener que procesar. Viví pensado que la vida era de una forma, y me doy cuenta que en realidad es de otra forma y mejor. Es de grande hacerme cargo de ciertas cosas, que deberían haberse ocupado mis viejos, y de nuevo, ya estoy grande, pero aceptar el dolor y el mal que sentí, llevará tiempo.

Encuentro piezas de mí, algunas encastran, encuentro amigos que me ayudan a armarme, o a rearmarme, hay piezas que aparecen, cuando menos las espero. Y me dan esperanzas de poder seguir construyendo esta historia, esta vida, este alma.

No se, creo que tengo sueño, me iré a dormir.

Espacio mental


Todos los días pasa lo mismo.

Llego a casa y me bloqueo.

Mi espacio mental se contamina de estructuras propias de mi casa que no me dejan ser.

Pienso que debería haberme quedado en el café cerca del laburo a hacer un poco de estiramiento mental y así poder seguir con mis escritos.

Lo re afirmo. Debería haberme quedado.

Al menos salir a pedalear después de llegar a casa, en esta noche despejada después de la lluvia no estuvo tan mal.

Ya cuando esté viviendo sola las cosas no van a ser igual. Y eso es bueno, voy a conocerme aún mas.

Mientras tanto en casa, disfruto, de esas cosas que se que no van a cambiar.