Crónicas Zurichanas


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Zurich vino con preguntas. Y yo con las respuestas.

Arribé al primer mundo como la Señorita Fine en la casa del señor Sheffield, por la puerta. Con su torpeza y su ingenuidad la nana Fine logró despertar el amor a los televidentes y así también al de toda la familia Sheffield. Ella es un ser adorable y nadie puede contra eso. Así me siento a veces, Sapo de otro pozo.

No se si me gusta ser turista. Creo que me veo demasiado crítica para opinar sobre la cultura de un país sin que me llamen. Me agarra culpa ser poeta por estos pagos. Ay suizos, no se si tildarlos de consumistas de ecologistas o de aburridos.

La realidad es que las realmente las vacas aquí crecen felices. El queso no viene con stress porteño y la gente es conciente del impacto del medio ambiente, porque sino tienen que pagar por ejemplo, si tiran mas basura de lo que se permite. Las familias en sus casas tienen sus huertas, en terrenos cercanos, los niños se ven contentos (creo que de toda mi estadía vi una sola vez a un niño llorar). Lo tienen todo.

Aire puro, comida italiana, flores everywhere en las calles y colinas, que hacen de esta ciudad, un lugar soñado.
Ay ay ay ¿Qué le deparará a esta escritora porteña en Suiza?