No son las palabras


 

No son las palabras. Quizás debería empezar por ahí.

Es la piedra en el camino que al admirarla no me deja ver el horizonte.

Mi familia es como la piedra que está como obstáculo entre mis sueños y yo.

Y hace varios años que vengo quejándome de la piedra.

Esa piedra me hace débil y muestra mis esfuerzos erróneos por levantarla y correrla del camino.

La piedra está y va a estar siempre.

Eso no lo puedo cambiar.

Mi vida se hace mas simple si veo mas allá de esa piedra.

Por que en definitiva de esa piedra me impulsaré para fluir en las nuevas corrientes que la vida me prepare.

En esas corrientes yo me dejaré llevar.

Y la piedra entonces se hace un aprendizaje.

Para parar y así estar mas lista para seguir adelante.

No son las piedras.

Quizás sean las palabras que están atravesando este ensayo.

 

El encanto de volar


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Nervios, inseguridades y la misma lista que se repite en mi cabeza.

Pasaporte, plata, ropa, libros, compu, celular y cuadernos para escribir.

¿Quién dijo que viajar fuera fácil?

Mis días se basan en ansiedades, horas de trabajo, orden y el repaso de la lista de cosas que me quedan por hacer.

Nunca hice esto antes.

¿Cómo se es pareja de alguien cuando nunca se fue pareja de nadie? ¿Cómo es vivir con alguien? ¿Cómo es viajar en avión solo? ¿Cómo es volver a empezar? ¿Y si es en otro país?

Lo escencial demora.

Hacer el currículum, seguir con mi novela, escribir un poco mas todos los días, tocar la guitarra. Èl y Madrid.

Lo escencial quizás esté allá. Donde el avión conecte las distancias del amor. Donde mi mente se halle mas despejada. Cuando arribar resulte ser un respiro. Un decir quiero cambiar, un decir esto me gusta, un decir realmente estoy donde quiero estar.

En Buenos Aires estoy de trance. Y la verdad debo admitir que me incomodan las charlas con él por Skype. Detesto el amor a distancia. Detesto dormir las noches sola. Detesto pensar que mi vida va a cambiar por que he decidido que es lo mejor para mí. Y entender que detrás de estos marrones y cautivadores ojos penetrantes, míos, habita una persona que lucha por lo que cree que es mejor para ella.

Cuando me mudé por primera vez sentí este envión que estoy volviendo a sentir. Ese motor de decir no me importa, se lo que estoy haciendo, esa certeza invisible que aclara toda duda.

Vengo rodeándome de personas que no hacen mas que aconsejarme, pero ya estoy harta de consejos, lo que externo me asusta. Creo que dejé de confiar en mis guía interior.

¿Porqué el?

Quiero llegar a Madrid y que estos pensamientos se acaben.

Madrid llegá pronto. O yo, iré por tí!

Suiza y mi ansiedad.


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Me voy a vivir a Suiza. 

Me escucho a mi misma y todavía, a pocas semanas de irme me cuesta creerlo. En definitiva, irme a vivir a otro país es algo que siempre quise hacer, y sí Tere lo estás logrando! Pero la ansiedad a veces es un factor que en este momento me está costando controlar.

Pocas horas de sueño, muchas horas de sueño. Cansancio, ganas de hacer de todo. Antojos de dulce, ganas de volver a las frutas y a los vegetales. Ganas de tomar café para relajarme, momentos donde el café me acelera. Amo la ciudad, odio la ciudad.

Me recomendaron que me deje de comer las uñas, que me tome un te de manzanilla y que medite.

No pude.

Es una dualidad esto de mudarse otro lado. Porque si bien se que allá voy a estar mas tranquila, todo cambio implica siempre un movimiento.

Ocupo mi tiempo en el trabajo, en armar la valija, en aprender un poco de italiano (porque el es italiano) y algo de alemán. También hago cuadernos para vender y así tener nuevos ingresos, me despido de amigos y preparo mi curriculum para el gran continente. Aunque por momentos, haciendo tantas cosas creo que igual la ansiedad no se va tan fácilmente.

A veces pienso que el amor da calma. Pero es difícil cuando vas a acurrucarte en la cama con tu madre para sentir algo de afecto y se enoja porque la despertaste y no pudo seguir durmiendo. Extraño a Pocho, el gato que cuidaba. Se acurrucaba entre mis piernas mientras dormía y me daba un poco de calor.

Con él va a ser todo distinto. Y eso quiero. Algo distinto. Algo que le de sentido a esta vida que en Buenos Aires ya no quiero vivir.

Despertarme con alguien, con alguien que me de calor humano, que me haga sentir bien, que me de amor ilimitado, que me quiera y me acepte como soy. Porque el me quiere así. Y yo así a él.

Me voy a vivir a Suiza por que el vive allá y porque con el quiero estar.

Me voy a vivir a Suiza, es todo. Nada más.

Sobre mi relación con el arte


Presté un libro hace un tiempo y en un momento determinado decidí pedirle al universo que me lo traiga de vuelta. El universo hizo su parte y ahora esta nuevamente en mis manos.

Ese libro es El Camino del Artista.

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La historia de cómo llegó ese libro a mis manos tiene su parte anecdótica de la cual contaré en otra entrada.

Vuelvo a revisar las páginas que me llevaron intensamente a cuestionarme estructuras, a atravesar mis limitaciones con la constancia de un pesado trabajo interior que hoy se vuelve una herramienta muy poderosa.

Vieron que siempre hay un libro o una película que podemos ver miles de veces y siempre le encontramos algo nuevo?

Releo de nuevo estas páginas y encuentro un significado mas concreto del libro. Como si me estuviera esculpiendo y empezando a ver la figura de mi ser a través de él.
Creo que de eso se trata un poco el arte no?

Las preguntas llegan solas.  Las respuestas también.

Palabras


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Y a veces las palabras llegan. Sin esperarlas. Como los sueños que se sumergen en un despertar a la vida.

Sin cuestiones. Sin motivos. Sin letra chica. Vienen así, como la lluvia de verano. Que no avisa.

Para la que escribe, las palabras siempre le parecieron parte de otra historia. Pero no de la suya.

Las palabras son ahora de mí, serán de vos, y luego de todos.

Las palabras aparecen como el limón para la limonada.

Para crear y recrear nuevas historias.

Para crear y recrear mi propia historia.

Las palabras llegaron para quedarse,

y así recrear nuestra historia.