Mis 18 detesto de hoy


Destesto despertarme y que mi vieja me cambie las cosas de lugar
Destesto prender la compu y que mi hermanito programe el Skype para que se inicie automáticamente
Detesto poner el Google Chrome, y que aparezca Delta Search como buscador
Detesto la histeria masculina
Detesto no tener un cuarto
Detesto no poder encontrar una forma sutil de comunicarle a mi vieja que necesito un cuarto sin que me responda con su ”speach de madre y el mandato”
Detesto no poder encontrar lugar en mi casa para poder satisfacer mis necesidades emocionales
Destesto lo cursi cuando es constante y en demasía, puaj, me asquea
Detesto al machismo de la Iglesia Católica, y a las mujeres que lo defienden
Detesto el feminismo y todas sus aberraciones
Detesto a las personas que creen que Malena Pichot es el ícono de la generación moderna, aprendan primero a pensar por ustedes
Destesto a la cultura del “Cif y el Procenex”. Señoras amas de casa todo eso es una mierda tóxica que publicitan las grandes empresas. Todo tiene que estar limpio y brilloso y únicamente las mujeres limpian ¿no?
Detesto la cultura de los porteros y sus ganas de derrochar litros de agua al pedo. Hay gente que se caga de sed y ustedes no tienen un mínimo sentido de sensibilidad
Detesto la gente consumista, que no se cree responsable de la falta de hambre y sed del planeta
Detesto a la gente que milita light en TECHO que ahora se siente bien consigo misma por ayudar y decir la palabra “pobre”
Detesto a la Coca Cola, pero que rica, adictiva y malsana es
Detesto a la gente que se siente sana por tomar Coca Cola Light
Detesto a la gente que toma Coca Cola en los almuerzos y es feliz

Ciclos


Escribo porque se que no vas a leerme y te espero, porque se que no vas a llegar. Espero y desespero y después me resigno a aceptar.

Que estás. y no te vas.

Tensión se va, y está.

Sos otro.

Soy otra.

También.

¿Quizás?

Son ciclos,

roles

o impulsos marcados.

La luna, que es nuestra,

el agua,

tu forma de hablar.

Y tiemblo.

Lo nuevo me asusta,

el miedo termina,

y vuelve a empezar.

La vida como una máscara


En el hostel la gente viene y la gente se va. Es difícil describir esta sensación.

Vínculos que parecen ser profundos, vínculos que se quedan no se donde guardados. ¿Simpatía o calidez realmente humana?

Esta semana me vi a mi misma reflejada en un pasajero.

Un chico que venía del interior,  al parecer para quedarse en Buenos Aires y reconstruir su vida, pero que por algunas cuestiones decidió que era momento para volver a su ciudad y dejar el cambio para otro momento.

Me recordé a mi misma viajando sola a Montevideo. Intentando buscarme, sintiendo esa mezcla de soledad y libertad. Rodeada de su bella gente y acompañada por sus turistas.

Me enamoré de el a primera vista, me perdí en su soledad y fui la tonta minita que puso expectativas en alguien que al final no resultó  como esperaba.

Fue un ariano que me reflejó algunas cosas de mí. Cosas de alguna Tere que alguna vez fue, cosas de alguna Tere que es. Cosas de una Tere que no va a ser.

Salir con el fue un cambio.

Fue descubrir que puedo divertirme y pasarla bien. Cosa que hasta antes no hacía.
Que no tengo que ser siempre profunda con toda la gente. Porque a veces, tanta profundidad con determinadas personas, asfixia. Y que también se puede ser superficial sin dejar de ser uno mismo.

El, me asfixiaba.

El me asfixiaba porque estaba solo, y necesitaba contención. Creo que yo podía darle eso, y también creo, que conmigo podía ser el mismo. Y es difícil ser uno mismo en una gran ciudad. Porque en Buenos Aires uno puede hacer de cuenta de lo que quiere ser. Buenos Aires está llena de máscaras.

Pero las máscaras están hechas para los que buscan mostrarse como son. Para los que buscan el arte como un camino, como una forma de descubrirse. Y no como una imagen, que puede ser linda a simple vista, pero después rebota porque no llena su contenido.

Por eso a vos, sí vuelvo a elegirte. Porque con o sin tu máscara, no dejás de ser vos. Y eso me gusta. 

Una novela


Encontré la frase que va justo para la primer hoja del compilado de historias que estoy escribiendo.

Eso me hace sentir escritora y es algo raro para mí.

Siento en las letras una forma de cultivarme interiormente.

Y pienso un poco en Cortázar y en su Rayuela.

El tipo escribía pensando también en el lector.

Y así estoy yo.

Viviendo quizás la historia que alguien pensó para mí.