Notitas


Hola Tere. ¿Cómo estás?

Te cuento que estos días me estoy dando cuenta lo tan distinta que estás desde la última vez que te vi. 

Estás mas grande, parece. Te cortaste el pelo. Te mudaste. Cambiaste de trabajo. Wow! Cuántas cosas! También arrancaste a estudiar, que bueno eso!

Todavía seguís un poco impaciente, me doy cuenta. Tenés esa inevidente necesidad de expresarte, de buscar constantemente una vida antirutinaria. De ver que es lo que va a venir después. Te entiendo, porque te conozco, y se que todavía te cuesta relajarte un poco.

Seguís con ese talento para el arte. Tu voz se parece mas a la de una mujer que a la de una niña. Y yo, que te veía tan tímida, ahora te noto mas segura frente a la vida, y eso me gusta. Estás creciendo y aprendiendo mucho.

Aprender significa meter la pata a veces, y eso está bueno, porque si ves en donde fallaste, el día de mañana podés corregirlo.

Todavía te cuesta un poco entender que para que todo fluya tenés que aprender a relajarte. Olvidarte del tiempo, de las cosas que tenés que hacer, de tener un mapa mental estructurado. Y si te consuela, tenés que pensar, que comida, trabajo, afectos y lugar para vivir no te va a faltar. 

Además tenés 21 años, y muchas cosas logradas. Cuando te sientas insegura podés pensar en eso. En lo que te da seguridad. Exacto! Cuando sentís que lo que estás haciendo lo estás haciendo porque realmente crees en vos. Y olvidarte de lo que piensen los demás, de lo que pretenden que vos seas. Siempre van a haber reglas que tendrás que cumplir, códigos establecidos, y de a poco los vas a ir entendiéndolos y soltándote dentro de ellos.

Siempre tenés que ser vos, y estar segura.

También entiendo que seas sensible, pero eso a veces, lo podés dejar para el arte. Por ser artista no significa que tenés que hacer un mural en tu trabajo, pero… podés ponerle tu escencia a las cosas. A la forma en que bandejeás, en cómo hacés sentir a las personas. Y eso importa, que las personas se sientan a gusto y cómodas con vos. 

Practica el amor con vos. Cuidate, mimate, date espacios para vos. Porque esa es tu prioridad.

No pienses tanto en el que dirán. A tu edad muchas personas tratarán de desacalificarte, simplemente olvídalo y sigue adelante. Nutrite de cosas que te hagan bien.

También entiendo que a veces no te gusten algunas cosas de tu presente. Hay cosas que no vas a poder cambiar y las vas a tener que aceptar como parte de tu vida. Otras en cambio las vas a poder cambiar ahora y otras van a tardar un poco mas para que se cambien. Pero no te preocupes. Que tu pasado no haya sido como hubieses querido no significa que tu presente tenga que ser así.

Relajate, da un pasito por día y confiá en que tenés las herramientas para seguir adelante y poder revertirlo.

No dejes que los problemas te abrumen. Dejá que el presente sea tu prioridad. 

Y hacé lo que tengas ganas de hacer! Y hacelo con ganas! Tenés ganas de ver una peli? No pienses hacelo! Dejate llevar por lo que sientas, y no te vas a equivocar. Escuchate a vos misma! 

Socializar mas, relajarme, disfrutar y hacerme menos problema por las cosas.

Ese puede ser un buen punto de partida.

Y tiempo, mientras mas tranquila estés en lo mental, espiritual y corporal, vas a poder escucharte más a vos misma.

Y no trates de buscarle un sentido a las cosas, las cosas son y punto. Tomalas y aceptalas!

Desde lo mas profundo de mi, te deseo lo mejor en esta nueva etapa de tu vida.

Te quiero mucho,

tu viejo ser!

 

 

 

Tachito


Odio a mi profesor de pensamiento científico.

No me inspira para nada. Persona monótona y encasillable. Todo le parece digno de ser criticable: que el mal funcionamiento de la universidad, que los tiempos de antes eran mejores, que hoy los chicos están todos los días con los telefonitos y no se ponen a estudiar.

Mi profesor de pensamiento científico es en realidad una persona que debería estar dando clases apasionantes sobre la filosofía. Porque cuando habla de filosofía, nos mira a los ojos y nos da ganas de saber de esa ciencia.

Su mensaje hoy fue claro.

Mientras explicaba el funcionamiento de los símbolos dentro de la lógica, se me ocurrió preguntarle de que me serviría a mí como estudiante saber la importancia de tales. La pregunta  se refería a algo claro: cómo aplicar la lógica en la vida cotidiana.

Voy a responderte algo bien simple: bajá la cabeza y estudiá- dijo

Nos contó una breve anécdota de su infancia en la cual concluyó que todo saber siempre sirve.

Descubrí que es el típico profesor que puede llegar a tildarme como rebelde si empiezo a irrumpir la calma de la clase con mis preguntas llenas de curiosidad.

No es que quiera tomarlo a él como excusa de sentirme mejor por tener las agallas de criticarlo.

Es que hay personas que con una charla te pueden transformar, te pueden abrir la cabeza y otras, por lo contrario no.

En estas últimas semanas vengo aprendiendo que de todos tenemos algo para aprender. Que siempre hay una persona que te puede llegar a transformar y después de una conversación.

Por eso me bajo del ego criticador, para dejar también en claro que algo de mi profesor tengo que aprender.

Independientemente de que en sus clases me haga o no gustar la materia y que  no me caiga bien, me doy cuenta que la raíz de todo es que soy una alumna con ganas de estudiar, buscar conocimiento, abrir mi cabeza y que busca un profesor me abra la cabeza y me transmita eso. Y que a la larga a veces hay que centrarse en lo importante: dedicarle tiempo a la materia y ya.

Abollar el papel y tirarlo al tachito.

No more..


ImagenY dejé de ser la víctima, porque sabía que en el fondo era fuerte.

Que la mejor forma de actuar frente a los problemas que se presentasen, consistía simplemente en como yo me parase frente a ellos.

Porque en el fondo la vida era el camino. Y que cada desafío cumplido, me daba seguridad para enfrentar lo que viniese. Y que jamás estaría preparada para el mañana.

Y lo incierto, sería algo con lo que tendría que aprender a convivir. Porque no sabía que vendría después. Porque lo que me esperaba era mejor de lo que había vivido. Y tenía que confiar, porque confiar me daba seguridad.

Las inseguridades, parte de mi ficción mental, se irían desvaneciendo. Por ser  intangibles.

A excepción de los sueños, que eran lo único que me iban a mantener despierta.

Tenía que aceptarme en el aquí y ahora. En las cosas que se irían desvaneciendo, y en las cosas que estarían por llegar. Recibirlas, como regalos. Dejarlas, como pesos innecesarios.

Porque todo tenía un fin.

Y ese fin era era elegir vivir.

Un riesgo que estaba dispuesta a asumir.

Viniese lo que viniese.

Estaba dispuesta a arriesgarme por primera vez, a escribir mi propia historia.