Mart(in)es en bicicleta!


Cositas de un día…

-Por primera vez hoy me corrió un perro mientras andaba en bicicleta. Y tuve que pedalear rápido para que no me siguiera. Me asusté al principio, pero fue divertido al final.

-Ayer mientras andaba con unos amigos en Capital, nos pusimos a observar las reacciones de las personas frente al sonido del timbre de nuestras bicicletas. Descubrimos que a muchas les causaba indiferencia y pocas de ellas se lo tomaron como algo bueno, debíamos haberles parecido raro, creímos. Por el contrario, hoy me di cuenta que en Martínez  a los niños y a los grandes sí les gusta escuchar ese sonido. Fue lindo recibir muchas alegrías de distintas edades.

-En las calles de Martínez por más que las personas no se conozcan, se saludan. Bicinauta a otro bicinauta, peatón a peatón. Lo mas lindo para mí es saludar a los guardias de seguridad de las esquinas. Ni me debo conocer con ellos, pero están, y si los saludás te sonríen. Y para ellos, eso, debe valer mucho.

-En las plazas de Martínez los niños sonríen y son abiertos. No se como serán los niños de otras plazas, pero en la mía da gusto hamacarse y charlar con ellos. Recibir toda la buena energía que tienen, el entusiasmo que le dan a cada palabra cuando hablan, ver cómo sonríen, practicar con ellos la pura espontaneidad.

Creo que eso era todo lo que tenía para decir por hoy…

Julieta


Una amiga una vez me dijo que a veces, los verdaderos padres, no siempre son los biológicos. Me quedé pensando en eso varias veces, y ahora me doy cuenta, que algo de cierto tenía.

Julieta aparece en mi vida como una especie de madre.

Julieta.

Una mujer Colombiana, de 50 años, viuda y con dos hijos que viven al otro lado del mundo.

Julieta viene a darme las respuestas que mi vieja nunca supo como contestar. Me habla sobre la amistad. Y me enseña que hay que aprender a ser tolerantes con los amigos y aceptarlos a pesar de las diferencias. Lo mismo con los padres.

La importancia de la familia. Que hay que amarla constantemente y no guardarse nada de amor. Darse afecto, abrazarse, decir te quiero. Cosas que resultan tan extrañas en casa.

Julieta tiene una madre que es muy fría y dura con ella misma, sabiéndo aún que es muy diferente a ella y que no va a cambiar, la aprecia mucho. También tiene una abuela, y por lo que me cuenta, me da la sensación que se quieren bastante. Dice que es mas dulce y mas cariñosa que su madre. Julieta cuida de ellas dos.

Tiene dos hijos que viven en Australia y que ella va a visitar cada vez que puede.  Es una mujer moderna. Me dice que ahora la tecnología facilita un poco mas la distancia. Habla continuamente con ellos por Skype. Y sin embargo, habiendo esa conexión con sus hijos tan constante, me cuenta que sí sabe disfrutar de estar sola.

Me enseña también que no hay que pensar a los hijos como una posesión, que llega un momento en donde hay que dejarlos ir. Y que no es fácil a veces.

Su mirada lo expresa todo. Sus ojos transmiten paz. Tiene el rostro muy andino, razgos indígenas. Siento que es una persona que se da gustos, sabe cuidarse y está en armonía con ella misma. Independiente, cómoda y feliz de ser así.

Julieta me da aliento a mis sueños. Me dice que  siempre hay que pensar en ellos y que uno no necesitan de la aprobación de los demás para que puedan ser realizados. Que ella siempre quiso ser abogada y ahora lo es. Que siempre hay que mirar hacia adelante. Me cuenta que ahora se jubiló y que tiene mas tiempo para ella, que está aprendiendo algo de inglés y de francés y se siente contenta con eso.

Ve en mí una persona que le transmite mucha ternura y que tiene muchas expectativas de vivir en el mundo. Con sueños por cumplir. Me escucha. Me dice que también le da gusto hablar conmigo, que siente aprecio hacia mí.

Nos abrazamos.

Julieta fue como esa especie de madre, que encontró alguna hija en Buenos Aires. Que vino aconsejarme sobre la vida, apoyarme en mis sueños, decirme que jamás baje los brazos. A transmitirme otros valores, a hacerme sentir un poco mas hija. A enseñarme que los padres, hay que quererlos siempre, a pesar de las duras críticas que un hijo les pueda hacer, porque hicieron lo mejor que pudieron con nosotros. Nadie nace sabiendo ser padre. Es así.

Quizás encontrarme con ella fue un regalo para mí. Porque ahora, sabiendo que hay una madre dando vueltas por el mundo, puedo apreciar mas a mis viejos. Y es lindo eso.

Y pienso que si realmente estás dispuesto a vivir, y eso significa tener que enfrentar los obstáculos que en el camino se interpongan, todo llega.

La vida es mas simple de lo que parece, y perdón Jorge Drexler.

Somos nosotros, las personas que nos toca vivir en la ciudad, que nos hacemos demasiados problema por cosas que no tienen sentido y no damos lugar a apreciar lo que tenemos en frente. Al presente, a cada momento.

Y para poder apreciarlo mejor, primero, es necesario estar despiertos.

Despedirse


Uno se despide constantemente de las cosas. Despedís momentos, formas de ser, hábitos, personas. Mas cuando estás en constante cambio. Porque cuando cambiás, el entorno puede ser igual, las situaciones se pueden repetir, pero uno, ya no es el mismo. Porque avanzás, y avanzar implica dejar cosas atrás. Y dejar cosas atrás, implica crecer. Y crecer, no es fácil, porque duele. Pero el dolor es necesario, porque sino, no sentiríamos los cambios. Y los cambios también son necesarios. Porque nos permiten ver las cosas desde otro punto de vista. Y eso amplía nuestro panorama de ver la vida, y mas que nada de vivirla. Y eso, independientemente de que lleva su cuota de responsabilidad, permite que podamos disfrutar la vida aún mas.

Y de eso se trata.

Desnudez


Imagen

En el vestuario de natación las mujeres no se hacen drama en mostrar su cuerpo:

Se duchan y su figuras se entreven a través de la cortina semi abierta. Se cambian, muestran su piel, su forma de ser.

Cuerpos. Arrugas, estrías, pechos chicos y grandes, colas.

Respiro libertad, no hay miedo al que dirán.

Me resultó difícil acostumbrarme a verlas.

En una sociedad que propone cada vez mas que escondamos nuestros cuerpos respondiendo al mensaje tan insistente de la publicidad. Y que por otro lado fomenta, un sexo banal, sin sensaciones, solamente superficies.

Me encuentro, acá, buscando la forma de no ser normal.

 

Lola me dice…


Lola me dice que es una buena historia. Y yo pienso que también. Lo que pasa es que no me gusta hacer alarde de las cosas que me pasan a diario. Pero si me las guardo para mí, estaría siendo demasiado egoísta. ¿Y qué hacer entonces? ¿Ficciones? Quizás si empiezo a escribir las pueda compartir como una forma de mostrar que todos podemos tener historias para ser contadas

Hoja primera o contratapa


Calma. Surge, después de ideas que en mi cabeza, fecundaron un caos emocional.

Dar vuelta la página de eso se trata.

¿Que vendría a ser esta primer hoja? ¿La tapa? ¿La contratapa? ¿El índice quizás? La hoja, donde el escritor le dedica a alguien sus ideas, la nota de agradecimiento podría ser. O también una breve introducción de lo que vas a encontrar en este nuevo diario virtual.

Dedicación. ¿Que palabra no?

Hace mucho vengo preguntándome para qué escribir. Y empiezo a cocinar  una sopa de letras en varios papeles y me pierdo. Porque son muchas las palabras que guardo, muchas las ideas, y también las sensaciones que me producen esas ideas. Y consecuentemente, dejo de escribir. Porque no se si esas ideas, tienen sentido para mí, o para el que las fuera a leer.

Me gustaría dedicarme a escribir en algún momento de mi vida, pero todavía no me acostumbro a relacionar la palabra disciplina con la de placer. Me cuesta entender que puede dar gusto la rutina.

Ella, tan artista, que quiere desprenderse de las reglas. Escribir únicamente cuando le agarra el momento de inspiración. Leer solo cuando tiene ganas de leer.

¿Quién soy? Descubriéndome. ¿Qué hago? Me expreso ¿Que tengo? Absolutamente nada.

Bienvenidos.